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Entrevista ‘BASKET INSULAR’|Cynthia Jorge regresa al baloncesto tinerfeño tras cinco temporadas en Estados Unidos

Cynthia Jorge Concepción (08/03/1996, Santa Cruz de Tenerife) ha regresado a la Isla después de cinco temporadas en Estados Unidos, donde obtuvo una beca para cursar sus estudios de Química y jugar al baloncesto. Disputará la Primera Autonómica 2019/20 en el CB Tenerife Central, regresando a las instalaciones deportivas del Colegio e Instituto El Chapatal, que marcaron su formación, que inició con seis años en el Colegio Nuryana, hasta que llegó al Uni Tenerife en edad cadete. En los cursos 12/13 y 13/14 debutó y jugó en Liga Femenina 2 con el Tenerife Isla Única, antes de ‘cruzar el charco’.  

En tierras americanas vivió momentos dulces y amargos, a raíz de lesiones, que le hicieron pensar en abandonar la práctica activa del baloncesto. Desde febrero de 2018 no disputaba un partido, hasta que lo hizo el 21 de septiembre en el I Torneo Virgen del Socorro – Ciudad de Güimar, donde volvió a sentirse jugadora. 

En entrevista concedida a ‘BASKET INSULAR’, relata su aventura estadounidense y sus motivos para vestirse de blanquiazul el próximo curso.

BASKET INSULAR: ¿Cómo se inició su aventura en Estados Unidos?

CYNTHIA JORGE: «En la temporada 2014/15 me fui a Estados Unidos y estuve en Florida, pero ese año no jugué. Estuve entrenado con el equipo de la universidad, pero nunca me ficharon oficialmente y tuve un problema con el hombro derecho, que ya me venía desde el último año en el Tenerife Isla Única, y como nunca se me recuperó bien en uno de los entrenamientos se me terminó de salir y paré y estuve recuperándome, pero el verano de 2015 regresé aquí y en casa, en una acción cotidiana, se me volvió a salir y decidí operarme y lo hice en agosto. Para el curso 15/16 había conseguido una beca completa de baloncesto para jugar en Nebraska, en el NorthEast Community College, para empezar mi ‘Freeshmen Year’ y con la operación recién realizada estuve haciendo una nueva recuperación hasta noviembre, que empecé a entrenar con el equipo y ese año no jugué mucho porque además no tenía mucha confianza en poder hacerlo bien».

BI: En verano de 2016 volvió a tener contacto con el baloncesto en Tenerife.

CJ: «Llegué ese verano aquí y me puse a entrenar con María Sosa, que aún estaba en el Adareva, y para mí fue fundamental ese verano porque me ayudó a mentalizarme que el hombro estaba bien y me sirvió mucho para la siguiente temporada. Con el Adareva entrené durante ese verano y jugué un amistoso con el equipo de Liga Femenina 2».

BI: Después de esto, regresó a Nebraska para jugar su segundo año. 

CJ: «Sí, mi ‘sophomore year’, en el que coincidí en el equipo con Aida Santana, de Gran Canaria, y después de coincidir ese año ahí nos fuimos juntas a la siguiente universidad. Esa temporada fue increíble; estuve haciendo veinte puntos por partido y fui elegida unas cuantas veces ‘Atleta de la semana’. Fue un gran año para mí, tanto deportivo como académico. Esa temporada y la anterior tuve de entrenador a Matt Svehla y lo recuerdo como un gran entrenador y me ayudó mucho en ese segundo año, que, en lo deportivo, fue el mejor de los que estuve en Estados Unidos». 

BI: Y desde ahí dio el salto a la Segunda División de la NCAA. 

CJ: «Después del gran segundo año que tuve en Nebraska, donde jugué en la Primera División de Juco, me llamaron de la Universidad de Tiffin, en Ohio, para jugar en la Segunda División de la NCAA y con beca completa. Aquí, en 17/18, tuve de entrenador a Jason Mishler, con el que no me fueron bien las cosas porque sus métodos no me parecieron los mejores y sus ideologías eran muy diferentes. La verdad que, aunque jugué bastante, esperaba jugar más y este año fue un punto divergente en el deporte para mí y hasta que volví a jugar aquí en Tenerife el otro día en Güímar yo tenía ya el baloncesto marcado con cruz y raya. A partir de estar con este entrenador el baloncesto se convirtió en una no muy buena experiencia. Por poner un ejemplo de los motivos por los que digo esto, en un partido íbamos perdiendo de seis y robé tres balones seguidos que supusieron tres contraataques y nos llevaron a empatar y ahí me sentó y no me volvió a sacar en el resto del partido. Viviendo cosas así prácticamente cada partido te hace pensar y reflexionar y yo estaba allí como estudiante a beca completa y el deporte era lo que me permitía poder estudiar y el no jugar o no saber por qué no estás jugando cuando lo estás haciendo bien supone mucho estrés porque no sabes por qué no juegas y si le gustas o no al entrenador y no jugando te quedas con la duda de si te van a ofrecer la beca al año siguiente. Las explicaciones del entrenador eran que sólo me sacaba para hacer lo que él quería y después de hacer esa función no me necesitaba más y esa no era la idea que yo tenía del baloncesto; no la he tenido nunca. Así que daba igual lo mucho que yo entrenara y lo bien que lo pudiera hacer porque ese entrenador me fue quitando la confianza que tenía en mí misma y en el deporte y, además, en los entrenamientos nos explotaban a correr. Era una situación muy extrema que no había visto nunca. Creo que este entrenador no tenía la cabeza bien amueblada. Además, este fue el año en el que me lesioné de la rodilla derecha, justo al final del año quedando tres partidos, en febrero de 2018, y no fui la única porque se lesionaron cinco jugadoras más del equipo y creo que de eso tuvo la culpa la metodología de trabajo de este entrenador. Yo fui la última en lesionarme y fue en un encuentro en casa en el que jugué la primera parte y en la segunda no me sacó hasta los últimos cuarenta y cinco segundos y me gritó que hiciera una falta para frenar un ataque del rival y fui a girar y la rodilla no me respondió». 

BI: A partir de ahí, se centró en su salud.

CJ: «Me lesioné el ligamento cruzado anterior de forma completa y el menisco de forma parcial. La recuperación fue muy dura y me sentí muy sola y verme allí sin familiares… Aunque mis padres y mi hermana, Eli, me dieron la sorpresa de ir a verme en Navidad. La recuperación fue horrible, hubo momentos en los que no podía caminar, me costó mucho empezar a doblar la rodilla. Ese verano estuve haciendo ejercicios que me habían mandado, pero los hice sola y no tenía a nadie que me dijese si lo estaba haciendo bien o mal y sentía mucho dolor. Para comienzos del curso 18/19 cesaron al entrenador, a Jason Mishler, por diferentes cosas que no estaba haciendo bien con leyes de la NCAA, y trajeron a la segunda entrenadora de la Universidad de Bowling Green, que es de División 1, y cambió todo el proyecto e hizo un muy buen trabajo, pero yo no estaba al cien por cien para poder seguir su ritmo y ese año no pude jugar. En pretemporada quisieron que estuviese al ritmo del resto de mis compañeras y la rodilla no respondía y pensé que me había vuelto a lesionar y hasta que el cirujano no dijo que sólo hiciese trabajo de recuperación fuera de pista no me pararon, ya que el ‘trainer’ de la Universidad es quien decide que tienes que entrenar y si él decía que yo era capaz de hacer ciertas cosas la entrenadora le creía, pero yo creo que el ‘trainer’ nunca supo cómo estaba yo realmente ni se interesó mucho por saberlo o no quería hacerme caso y poco menos que me dejaba en mal lugar ante la entrenadora porque daba a entender que era yo la que no quería jugar, porque él me veía lista para hacerlo. Entonces, ese año no jugué nada y pensé que como acabé la carrera en Estados Unidos ya se había acabado el baloncesto, además porque siempre sentía dolor en la rodilla». 

BI: Pero llega este verano de 2019 y regresa a Tenerife y todo cambia.

CJ: «Llegué aquí un poco antes de que terminase la temporada pasada y viendo un partido de mi hermana, Eli, que juega en categorías de formación del Tenerife Central, empecé a recordar todo lo que había vivido gracias al baloncesto desde que empecé con seis años y tantas cosas que me había dado; como una beca, las experiencias, las amigas que hice, así un largo etcétera. Pensaba que nunca recordaba el baloncesto como algo negativo y como me sentí esos dos últimos años nunca me había sentido porque para mí pensar que tenía que ir a entrenar era algo negativo, así que me resistía a acabar con un mal sabor de boca, pero estaba mentalizada». 

BI: Ahí algo sucedió…

CJ: «José Luis Román y Alejandro Román hablaron conmigo y me propusieron jugar esta temporada en el Tenerife Central, en Primera Autonómica. Tuve bastantes dudas de aceptar la propuesta porque necesitaba ver cómo estaba mi rodilla, pero me decidí porque Alejandro me conoce de antes de irme a Estados Unidos y de antes de que me lesionara y él sabe qué soy capaz de hacer y el nivel al que puedo llegar y eso es importante para darle confianza a alguien. Es importante tener a un entrenador que confié en ti y estar en un equipo en el que poder recuperar el tiempo en el que no he jugado y recuperar esa confianza y creí que el Tenerife Central era el mejor equipo para todo esto». 

BI: ¿La del Tenerife Central fue la única propuesta que recibió este verano?

CJ: «No, otros equipos me llamaron, pero después de meditar las opciones que tenía, creía que la del Tenerife Central era la que reunía más las condiciones que necesito ahora para recuperar el espíritu deportivo que perdí en los últimos años en Estados Unidos y en El Chapatal fue donde ofrecí mi mejor nivel en las categorías de formación. Incluso, me han ofrecido poder ir a un centro de recuperación y hacer entrenamientos físicos de distintas intensidades».

 
BI: ¿Y cómo se sintió volviendo a jugar un partido?

CJ: «Muy bien, la verdad. Es lo que he dicho, necesitaba recordar cómo es el baloncesto en casa y me gustó mucho jugar ese partido en Güímar». 

BI: Por tanto, ¿ha sido fundamental que Alejandro Román sea el entrenador del Tenerife Central para que haya tomado la decisión de volver a jugar?

CJ: «A cualquier jugadora que le preguntes te dirá que para ella es muy importante tener la confianza de su entrenador. Ya puede ser la mejor jugadora del mundo que si está con un entrenador que cuando está jugando te ridiculiza o te sienta a la mínima, no se va a sentir bien ni va a dar lo máximo. Si juegas con miedo a que al mínimo error te van a gritar y sentar en el banquillo no vas a jugar bien en lo sucesivo y en ese partido sentí que eso había quedado atrás. Con Alejandro, desde siempre, desde que llegué al Uni, he tenido esa confianza». 

BI: ¿Y cómo ve la temporada?

CJ: «Va ser muy complicada. Creo que hay muy buenos equipos, como Adareva y Náutico-La Salle, que tienen proyección de subir, y el Clarinos creo que es muy fuerte. A partir de ahí, ya estamos los demás equipos, en los que puedes ganar a cualquiera y cualquiera puede ganarte. Va a ser muy interesante. Creo que nosotras debemos tomarlo con calma e ir progresando a medida que la temporada avance y ver hasta dónde somos capaces de llegar». 

>>Fotogafías: Facilitadas por Cynthia Jorge y @T.Gonher (Instagram)

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