NBA, Final: Curry le gana el primero a Lebron, tras una prórroga (100-108); 1-0

El equipo que gana el primer partido de las Finales tiene, lo dice la historia, más de un 70% de posibilidades de ser campeón. Cuesta no apostar por ese dato cuando ese ganador del Game 1 son estos Warriors que suman 80 victorias en toda la temporada (80-18) y que sólo necesitan tres más. Que han ganado 47 de los 50 partidos que han jugado en su pista: el 94%. Otra vez, les faltarían tres más aunque pierdan todo en Cleveland. Y que pasaron por una catarsis épica en un partido que ha podido tener un millón de significados pero al que sólo se le adivina uno, al menos con los sonidos de la batalla todavía retumbando por los rincones del Oracle Arena: Golden State Warriors salvó mucho más que un partido, mucho más que un punto en una eliminatoria. Supo sobrevivir a sí mismo primero y a Kyrie Irving y LeBron James después. Jugó mil veces mal, mil regular y mil de maravilla en un partido precioso en el que el mando en el marcador cambió hasta 13 veces. La enésima prueba de madurez, grosor competitivo y jerarquía del equipo que ha pasado de ser el mejor de la Regular Season a ser el mejor de los playoffs con una facilidad pasmosa. La de los que son buenos de verdad: 1-0, quedan tres.

Los Warriors empezaron fallando una tonelada de tiros (6/21 en el primer cuarto) y enredándose en ataques impropios. Se desfondaron, entre oxidados y aterrados, hasta un 15-29 antes del cierre del primer parcial. Después remontaron con su cara B, la versión band of brothers que defiende a muerte a base de físico y profundidad de banquillo, fundamentos tan esenciales de estos Warriors como la magia de los Splash Brothers. Cuando los de Kerr empezaban a ser colectivamente superiores y cuando su triunfo parecía cuestión de tiempo, entre Kyrie Irving y LeBron James se inventaron una resistencia homicida, kamikaze, que convirtió el partido en una persecución infinita que condujo, tras un segundo tiempo milimétrico, al 98-98 de los últimos 30 segundos, en los que Irving taponó por detrás una bandeja de Curry y LeBron James falló un tiro ganador que casi convierte en el triunfo Shumpert tras el fango del último rebote. En la prórroga los Cavaliers claudicaron: sólo dos puntos, sumados en el último ataque y tras once seguidos enlazando fallos y pérdidas. Los Warriors cabalgaron sobre un parcial de 10-0 (108-98) que ya era decisivo tras un triple de Barnes que ponía el 105-98 a dos minutos del final. El Oracle, hasta entonces contenido en una angustia casi indecible, estalló ahí como una bomba de neutrones, rabioso y feliz: agotado pero consciente de que acababa de presenciar un pequeño paso para su equipo pero una zancada enorme hacia la resolución de las finales 2015. O eso parece…

Tras el descanso, entre LeBron e Irving anotaron 39 de los 49 puntos de los Cavaliers. Casi todo lo demás se le fue desmoronando a Blatt por la erosión que implica jugar contra la mole inabarcable que son estos Warriors infinitos. Las continuaciones de Mozgov, los rebotes de ataque de Tristan Thompson, los triples en versión freelance de JR Smith… de enseñar todo muy rápido a quedarse finalmente en el chasis. E incluso así, el triunfo estuvo en esa suspensión final de LeBron que defendió a fuego Iguodala. El Rey sumó su mayor anotación en un partido de Finales NBA (4 4 puntos, 18/38 en tiros, 8 rebotes, 6 asistencias… y casi 46 minutos en pista). Su gobierno, incontestable durante más de tres cuartos, acabó derrocado y su balance en el primer partido de las finales es ahora de 1-5. Irving jugó los mejores minutos defensivos de su vida en el primer tiempo y sobre Stephen Curry. Después dejó su repertorio de salón para descabezar unas cuantas de las diez mil rebeliones que plantearon los Warriors. En la prórroga, y tras casi 44 minutos en pista, su rodilla dijo basta veremos, y esperemos, si sólo por este partido. El despegue del primer cuarto, la exhibición baldía de LeBron, las heroicidades interrumpidas de un Irving otra vez renqueante… ¿Realmente fue sólo una derrota para los Cavaliers? Cuesta creerlo. Pero contra la falta de fuerzas y de fe sólo hay un antídoto, y lo tienen ellos: LeBron James.

Los Warriors, por su parte, ganaron con muchos minutos discretos pero un armazón, de juego y ánimo, que apesta a campeón por los cuatro costados. Cuando no llega con la circulación artística y el ballet de Curry, aparece la defensa blindada de Livingston, Ezeli y un Iguodala que resultó decisivo: triples y mates hasta 15 puntos y muy buenos tramos defensivos sobre LeBron, al que agotó a base de músculo por donde ya habían pasado, y fracasado, Barnes, Thompson y un Green que tampoco enseñó su mejor versión. Stephen Curry estuvo a ratos pero estuvo: 26 puntos y 8 asistencias. Y Klay Thompson anotó 16 de sus 21 puntos en el segundo tiempo. Pero si no aparece Speights, y si no la defensa y si no la circulación y los tiradores abiertos… Los Warriors son mil equipos en uno: son, en suma, un equipo extraordinario que sacó adelante un partido fabuloso, épico, agotador. Un estreno de finales 2015 absolutamente estruendoso que les deja con 80 victorias y a sólo tres del anillo después de resistir una carga de LeBron James que habría tumbado a casi todos. No a ellos y así, con el mentón de acero y la fe a prueba de bombas, baloncesto hasta el último segundo, es como se ganan los anillos. Empezando, siempre, por el 1-0. Quedan tres…

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