«Esto no puede ocurrir en el baloncesto», por Javier Fernández

Javier Fernández, colaborador del Tenerife Isla Única, ha enviado al blog ‘BASKETMANÍA’, del periódico ‘El Día’, una relación de hechos de cómo vivió, en primera persona, los lamentables incidentes que ocurrieron el pasado sábado en el transcurso del partido de Segunda Autonómica Femenina entre Tacuense y Tenerife Isla Única.

A continuación, reproducimos íntegramente el escrito de Javier Fernández:

El pasado sábado viví algo que muchas otras personas me habían contado que de vez en cuando sucede en el deporte y en el baloncesto, pero que yo creía que nunca me iba a tocar vivir, una pelea durante un partido.

El baloncesto es lo que estaba ocurriendo en la cancha, no lo que pasó en la grada. El partido de Segunda Autonómica Tacuense – Tenerife Isla Única estaba siendo un partidazo lleno de tensión competitiva, pero nada más allá, la tensión estaba sólo sobre la cancha y discurriendo todo por cauces deportivos. La pareja arbitral había repartido faltas de dudosa consideración para ambos conjuntos, incluso técnicas para ambos lados, no se podía decir que estuviese decantando la balanza a favor de ninguno de los equipos. El Tenerife Isla Única dominó a partir del minuto 5 del primer cuarto y los segundos diez minutos, pero ahí un 8-0 de parcial para las locales tras el descanso las volvió a meter en partido, hasta que el acierto exterior de las entrenadas por Alejandro Román otorgó una ventaja de 10 puntos a su favor. Sin más, un resumen rápido del partido.
En el reparto de técnicas se le señalan dos a Alejandro Román, por invadir en dos ocasiones la cancha para dar indicaciones a sus jugadoras. Un error del entrenador como muchas veces ha sucedido con anterioridad a tantos otros entrenadores y en todas las categorías.
Yo estuve viendo el partido de pie en el acceso a túnel de vestuarios, con tranquilidad, aprovechando para enviar mensajes a amigos en los tiempos muertos y disfrutando de ver al equipo con el que colaboro. Alegrándome con sus canastas y lamentando las que recibíamos. Cuando expulsan a Alejandro Román yo no estaba ahí, ya que una jugadora del Tenerife Isla Única se había torcido el tobillo durante el partido y subí a la enfermería del pabellón a que el conserje me diera una bolsa con hielo y cuando vuelvo a la cancha me veo a Alejandro Román de pie donde yo había estado todo el partido. ¿Qué haces aquí?, le pregunté. «Me han expulsado», me contesta. No quise ahondar en el asunto, no era el momento y él estaba aún pendiente a lo que ocurría en la cancha. Al par de minutos de estar ahí da un par de pasos hacia el banquillo y da una indicación y uno de los árbitros lo ve y viene hacia mi y me dice «me va a echar de aquí» y efectivamente, eso ocurre. Le dice el colegiado que tiene que irse a la grada y Alejandro sube las escaleras y se ubica en una zona de grada sobre la canasta que en esos momentos defiende el Tenerife Isla Única, a 2 minutos y poco de que terminase el último cuarto.
Al subir, intenta dar alguna indicación desde arriba, pero está algo afónico de haberse empleado en dar órdenes desde el banquillo durante los anteriores 38 minutos de partido y me grita como puede desde arriba «Javi sube para que repitas lo que yo diga que a ti sí que se te oye» y, en ese momento, que desde el túnel de vestuario miro hacia arriba para atender lo que me decía Alejandro, veo que una jugadora con el chandal del Náutico y con el dorsal 17 abandona la grada lateral del pabellón y camina hacia Alejandro para gritarle desde un par de metros de distancia «ahí es donde tienes que estar, en la puta calle, cabrón de mierda», yo le indico a Alejandro con el dedo índice de mi mano izquierda que esa jugadora le ha dicho eso, pero no me ve y corro hacia las escaleras para subir a esa zona de la grada. Cuando estoy llegando oigo una voz grave de un hombre que grita «a mi hija ni la mires» y pienso «madre mía, qué ha pasado, quién es ese…» y ahí llego a la zona donde estaba Alejandro y le veo caerse de culo y deslizarse por el suelo entre dos y tres metros y mi primera reacción fue la de quedarme quieto mirando y veo cómo un hombre con cabeza rapada, camiseta negra de manga corta pegada a los pectorales y dos brazos tan grandes como mis dos muslos juntos corre hacia donde Alejandro está en el suelo y comienza a darle patadas. No sabía quién era ese hombre, con posterioridad supe que se trataba del padre de Maite Plasencia.

Reacciono y trato de acercarme a ese hombre para separarlo de Alejandro, pero en cuestión de menos de un segundo esa zona de la grada empieza a llenarse de gente que abandona la grada lateral y acude a esa zona más alta del pabellón. Quienes me cortan el paso son Eduardo Perdomo, jugador nauta y novio de Maite Plasencia, y la madre de la citada jugadora que esperan la llegada de la mujer de Alejandro, que está acudiendo a la zona preocupada por lo que ha visto que estaba pasando con su marido desde unos 10 metros de distancia, que era donde estaba sentada viendo el partido. Cuando Marta, la mujer de Alejandro, llega a esa parte del pabellón la madre de Maite Plasencia la agarra del pelo y la tira al suelo y ahí tanto ella como Eduardo Perdomo llegan a darle unas dos o tres patadas en la espalda cada uno. Ahí sí pude meterme entre Marta y sus agresores y abracé a Marta por la espalda y la cubrí para evitar que la siguiesen pegando y la levanté en peso para llevármela lejos y protegerla y es entonces cuando siento tres punzadas entre la nunca y la cabeza y la última de ellas es un golpe duro y seco en toda la parte posterior del cráneo… PUM, lo sentí como si me hubieran golpeado con un martillo y creo que llegué a decir en alto «joder cabrón», al menos lo pensé.
Logro dejar a Marta en la puerta de los baños, a unos dos metros de donde Alejandro seguía estando tirado en el suelo siendo pateado por el padre de Marta Plasencia. Ahí le digo que no se moviese de ahí y logro ponerme a la altura del señor Plasencia y ponerle mi mano abierta en el pecho y lo empujo hacia atrás para separarlo de Alejandro. Él da dos o tres pasos hacia atrás, pero vuelve a armar el puño para, al verme, tratar de pegarme a mi. Ahí, las jugadoras, tanto las del Tenerife Isla Única como varias del Tacuense, que han oído voces y ruido desde esa zona de la grada y han visto luego lo que estaba ocurriendo, han subido y se ponen entre el señor Plasencia y Alejandro Román, para protegerlo, quedando yo detrás de las jugadoras, por lo que el puñetazo que iba destinado a mí es una jugadora quien lo recibe, Alexia Moreno, que al cruzarse en el camino del padre de Maite recibió ese puñetazo en pleno pecho, lo que le hace sentir mucho dolor.
Alejandro logra levantarse del suelo, incluso habiendo perdido un tenis, y sólo tiene en la cabeza haber visto la imagen de su mujer en el suelo y grita «Marta, Marta, qué le han hecho…» y yo le agarro por el cuello y le digo «Marta está bien, tranquilo». Ahí el resto de componente del Náutico que estaban en el pabellón han llegado a la zona y han cogido a Eduardo Perdomo, Maite Plasencia y su madre y ya se los están llevando hacia la calle, pero son necesarios cuatro hombres para reducir al padre de Maite Plasencia y llevárselo fuera. Antes de salir del pabellón Eduardo Perdomo grita señalando hacia nosotros «Esto no acaba aquí».
Yo saco mi móvil del bolsillo del pantalón y marco el 091 y pido presencia policial en el pabellón para dar parte de lo ocurrido y porque temo por nuestra integridad física para salir del recinto, ya que nuestros agresores permanecieron en la puerta del pabellón, esperándonos a la salida.
Al llegar la Policía ya pudimos salir tranquilos.
Con el paso de los minutos y comenzar a relajarme tras la tensión sufrida comienzo a sentir mucho dolor en la cabeza y siento cómo se me aflojan las piernas y me mareo. Tengo ganas de vomitar, pero bebo agua y doy un paseo y se me pasa.
De verdad que espero no volver a vivir algo así nunca, ni como espectador o testigo accidental ni como parte implicada.

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3 comentarios en ««Esto no puede ocurrir en el baloncesto», por Javier Fernández»

  1. Claro que esto no puede ocurrir, es algo obvio pues como bien has dicho no solo se mancha el nombre del baloncesto, sino que se da una mala imagen a las personas y jugadoras mas pequeñas que se encontraban viendo el encuentro. Lo único que espero ahora es que se tomen las medidas necesarias contra los agresores y no contra las jugadoras que del mal susto que se llevaron solo pensaron en subir a separara a su entrenador para que la cosa no llegara a más. Acordémonos, las cosas se solucionan dentro de la cancha y no fuera, si una persona esta frustrada es mejor sentarse a hablar antes de llegar a las manos o pedir ayuda profesional.

  2. Tienes razón. No puede ocurrir esto y ni tampoco que digas las mentiras que estás diciendo. Primero, haz nombrado a un club que nada tiene que ver con todo lo ocurrido. Además, lo que cuentas no tiene nada que ver con lo ocurrido. Tu estabas en la cancha y llegastes al final. A la policía lo llamaron los padres de Maite. Osea que no seas partidista y se un buen periodista y cuenta la verdad. Un abrazo.

    1. Saludos, Luis Nauta, aunque me gustaría que si eres tan valiente para escribir y hacer las afirmaciones que te atreves a realizar firmases con tu nombre, con nombre y apellidos, como hago yo y no con un nombre inventado; o si te llamas Luis, añade tus apellidos. ¿Tu estabas allí presente en el momento en el que ocurrió todo? Si no estabas allí entendería que creas que miento, porque a saber qué versión te habrán dado… pero, si estabas allí, ¿cómo te atreves a decir que miento? No voy a entrar en el juego de “yo hice”, “tu hiciste”, “yo digo”, “tu dices”, pero, precisamente no puedo no ser partidista, porque desde el momento en que soy agredido me convierto en parte del asunto y no sólo en testigo, como fui al comienzo de todo.

      Yo no estuve en la cancha, estuve en el túnel de vestuarios, que no es lo mismo que la cancha, hasta que expulsan a Alejandro y subo con él a la pasarela o parte alta de la grada sobre la canasta que estaba más próxima al banquillo del Tenerife Isla Única y es ahí cuando veo todo delante de mi y me convierto en parte de lo ocurrido. Así que ni tu ni nadie se puede atrever a decirme si hice o no hice algo y si estuve o no. A LA POLICIA LA LLAMÉ YO.

      Esta es la verdad y quien la niegue tiene un serio problema de intentar cambiar lo sucedido. Es como aquí lo he contado, sin variar ni un punto ni una coma y quien diga lo contrario a lo escrito por mi aquí es un mentiroso. Punto. ¿Un abrazo me pones al final? ¿Tienes esa cara? Yo a ti sólo te voy a poner: Piensa las burradas que escribes antes de escribirlas y busca calmar tu conciencia de otra forma porque si tratas de hacerlo conmigo vete a otra ventanilla, la mía no vale para eso.

      Por cierto, nombro a un club que no tiene nada que ver, como el Náutico, porque dos personas hacen que tenga que ver, al ser jugadores de ese club: Maite, que es quien comienza todo con su insulto, porque si ella no insulta no ocurre nada de lo posterior, y su novio, Eduardo. Así que son ellos los que hacen que el club tenga algo que ver, no yo.

      Javier Fernández Trujillo.

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